En particular, este proyecto incorpora material reciclado en envases de yogurt de poliestireno como barrera funcional en contacto directo con alimentos, lo que se traduce en una mayor recuperación de material, una menor disposición de residuos en vertederos y menor consumo de resina virgen, con desempeño técnico e inocuidad validada. Una solución reconocida por diferentes actores del ecosistema y que viene a entregar certezas sobre problemáticas aun no resueltas por la industria.
Para las empresas el atractivo es doble. Primero, hay una oportunidad de costos al sustituir parcialmente materia prima virgen por reciclado de calidad controlada. Segundo, existe licencia competitiva: marcas y retailers exigen metas de circularidad verificables, y los consumidores premian envases con contenido reciclado. Para los investigadores, el caso demuestra que la ciencia de materiales, el diseño de envases y la ingeniería de procesos pueden traducirse en escalamiento industrial y propiedad intelectual con impacto.
Además, desde CORFO, a este tipo de proyectos se les exige contar con resultados medidos a través de Análisis de Ciclo de Vida mediante la calculadora Ecopackaging y una Declaración Ambiental de Producto siguiendo los parámetros del EPD System y las reglas de categoría de producto aplicables para envases y embalajes. En términos simples, apoyamos soluciones que demuestren impactos positivos concretos.
El proyecto avanzó desde TRL-5 (validación en entorno relevante) a TRL-9 (producto en condiciones de acceder al mercado), tras una serie de pilotos con empresas clave de la cadena de valor. Esa progresión importa: reduce incertidumbre tecnológica, acorta tiempos de adopción y facilita el acceso a otras fuentes de financiamiento. Además, abre nuevas oportunidades de innovación para ser aplicadas en otros productos y con ello promover la circularidad de la industria.
Como institución pública, seguiremos de cerca su desempeño comercial, esperando consolidación nacional y proyección internacional. No se trata de un prototipo más, es evidencia de que la sostenibilidad puede convertirse en estrategia de valor económico, social y ambiental cuando ciencia e industria colaboran y articulan esfuerzos bajo un mismo objetivo.
La invitación es clara. A las empresas: capturen la ventaja de adoptar nuevas tecnologías para abordar desafíos de sostenibilidad y comuniquen el valor al mercado. A los investigadores: profundicen en soluciones que respondan a requisitos que plantea la transición a una nueva economía porque cuando el conocimiento se vuelve producto, la circularidad deja de ser promesa y se transforma en competitividad, empleo y acceso a nuevos mercados.